Los hermanos Marx y la comedia absurda

En este recién estrenado mes de febrero, el Aula de Cinema de la Universitat de València dedica su programación en la facultad de Filología a la Comedia absurda. Con esto se pretende hacer un repaso por el género, necesariamente incompleto debido a la restricción de tiempo, pero que intenta ofrecer una visión lo más amplia posible -en cuanto a épocas y lugares- de cómo el cine se ha puesto al servicio de la risa del espectador. Desde el humor surrealista made in Britain de los Monty Phyton (El sentido de la vida, 1983) a la visión más absurda y cañí de Amanece, que no es poco (José Luis Cuerda, 1989), pasando por el interminable desfile de gags de la spoof movie por excelencia, Aterriza como puedas (1980).

Pero antes de eso, el ciclo da comienzo con Sopa de ganso (Leo McCarey, 1933), que se proyectó el miércoles 6 de febrero en Filología. El film fue el último de los hermanos Marx con Paramount, antes de su flamante fichaje por Metro-Goldwyn-Mayer en la célebre Una noche en la ópera (1935). Los Marx ya habían realizado antes de Sopa de ganso algunas películas muy destacables, como Los cuatro cocos (1929), Pistoleros de agua dulce (1931) o Plumas de caballo (1932).

Con Sopa de ganso, los Marx llevan el conflicto político y diplomático entre dos potencias imaginarias (Freedonia y Sylvania, esta última un trasunto de la Italia de Mussolini) a su terreno de anarquía, caos y juegos verbales. Groucho Marx da vida a Rufus T. Firefly, el nuevo gobernante de Freedonia, y sus hermanos Harpo y Chico son dos espías de Sylvania encargados de buscar información para desestabilizarle. Lejos, sin embargo, de una trama sólida, el film se articula a través de los gags físicos y verbales de los hermanos, donde se combina la nostalgia por el slapstick (inolvidables las secuencias de los sombreros y la del falso espejo) y la verborrea sarcástica y ácida de un Groucho en estado de gracia.

Guillermo Rodríguez, encargado de presentar la película y moderar el coloquio posterior, nos habló de Sopa de ganso en nuestro programa 1x12. Recordamos también, como siempre, que las sesiones del Aula de Cinema son a las 18 horas, y totalmente libres y gratuitas.



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Samuel L. Jackson no se jubila

Tradicionalmente (aunque parece que ahora esto va a pasar a la historia), la edad de jubilación ha sido los 65 años. De ser así, Samuel L. Jackson (Washington D.C., 1948) abandonaría su carrera cinematográfica a finales de 2013. Pero nada más lejos de la realidad, porque el actor todavía funciona a pleno rendimiento. En este año lo veremos en el remake de la coreana Oldboy (2003) que dirige Spike Lee, y en el futuro también aparecerá en otro remake, en este caso el de RoboCop (1987), y en sucesivas secuelas de la franquicia de Marvel Los vengadores.

Es decir, que Samuel L. (de Leroy) Jackson no piensa en otra cosa que no sea trabajar en la gran pantalla. En nuestro programa 1x12, Amelia Falcó y Mabuse dedican su sección Se cumplen a repasar la filmografía de este actor imprescindible. Desde su debut a principios de los años 70 ha participado en casi 150 películas, la mayoría de ellas en papeles secundarios pero tremendamente carismáticos. Lo recordamos, por ejemplo, en Haz lo que debas (1989), Parque jurásico (1993), Esfera (1998) o junto a Bruce Willis en Jungla de cristal. La venganza (1995) y El protegido (2000). Eso por no hablar de su ansiada (aunque testimonial) participación en la segunda trilogía de Star Wars (1999-2005) que, entre otras cosas, le ha convertido en el actor más taquillero de la historia, que no es poco.

Pero si hay un director asociado a la carrera de Samuel L. Jackson ese es, sin duda, Quentin Tarantino. Samuel es uno de los actores fetiche del realizador de Knoxville, desde que debutara en Pulp Fiction (1994, su papel más recordado) y repitiera posteriormente en Jackie Brown (1997) y sus cameos en Kill Bill. Volumen 2 (2003) y Malditos bastardos (2008), hasta que ha vuelto a tener un papel destacado en la reciente Django desencadenado (2012).

Sin duda, Samuel L. Jackson es uno de los actores más carismáticos del Hollywood actual, capaz de brillar tanto en papeles cómicos como en cintas de acción. Uno de esos intérpretes que se convierte en seguro de rentabilidad para las películas en las que participa. Y que todavía tiene cuerda para rato.



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Buscando a Mark Hamill



Seguramente, si tomásemos como referencia el tiempo que va desde 1977 hasta 1983, no habría actor en todo el mundo más popular que Mark Hamill. Son los años que transcurrieron desde el estreno de Star Wars (1977) hasta El retorno del Jedi (1983), pasando -claro está- por El imperio contraataca (1980). Es decir, las películas originales de la trilogía creada por George Lucas, tal vez (y con el permiso de tolkienianos y harrypotterenses) la saga cinematográfica más importante de la historia.

En estos films, Hamill daba vida a Luke Skywalker, el héroe enfrentado al Imperio y al malvado Darth Vader, quien, en ese giro shakesperiano tantas veces recordado, se descubría como su propio padre. Luke Skywalker era, por tanto, la personificación del Bien enfrentado al Mal, y el propio Hamill, con su pinta de chico bueno y sin dobleces, le confería ese aspecto inmaculado que le otorgaría la fama ad aeterno.

Pero como bien se encargan de repetir Yoda, Obi Wan Kenobi y todo sabio de cualquier rincón de la galaxia, toda fuerza tiene su Lado Oscuro, y Mark Hamill también ha sucumbido a él, de la forma más cruel posible. Su enorme popularidad como Luke Skywalker le impidió desprenderse del personaje, y el bueno de Mark no ha vuelto a brillar en el cine como hiciera en esas películas. Sus apariciones en celuloide su cuentan con los dedos de la mano, y nunca en papeles que se puedan recordar sin rubor (salvo, quizás, en Jay y Bob el Silencioso contraatacan, ese guiño de un friki como Kevin Smith en el que también aparecía otro juguete roto galáctico como Carrie Fisher), y ha sido en la televisión y prestando su voz en dibujos animados, videojuegos y documentales donde principalmente ha desarrollado su labor interpretativa.

Con sesenta años ya cumplidos, Mark Hamill seguirá siendo Luke Skywalker para los restos, y seguirá paseando palmito por convenciones de Star Wars donde los fans nostálgicos seguirán haciendo cola por hacerse una foto con el mito. Pero el Mark Hamill actor está perdido para siempre, y por eso nuestro Cazarrecompensas particular le rinde un pequeño tributo en su sección del programa 1x12.

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Especiales Cine L'Atalante: Quentin Tarantino

Desde que debutara en la dirección hace poco más de dos décadas, Quentin Tarantino (Knoxville, 1963) se ha convertido en uno de los realizadores más admirados del cine contemporáneo. A pesar de contar con una filmografía relativamente escasa en estos veinte años, cada nueva película de Tarantino se convierte en un fenómeno que no deja interesante a nadie. Su cine esta lleno de homenajes, referencias y guiños a la historia del séptimo arte, ya sea en su versión culterana (Hawks, Kubrick, Hitchcock) o tomando como punto de partida productos en los márgenes de la industria, y que el propio Tarantino ha contribuido a la encomiable labor de su recuperación y/o descubrimiento por parte del gran público. Géneros como el grindhouse, el terror de serie B, el cine oriental de artes marciales, el spaghetti western o la blaxploitation han pasado por el peculiar filtro tarantiniano y han recuperado una legión de seguidores que hasta entonces llevaban su fanatismo con cierto sonrojo.

En otro de nuestros programas especiales (lo puedes escuchar aquí), el equipo de Cine L'Atalante (formado por Nacho Palau, Héctor Gómez, Jordi Revert, Miquel Tello y la colaboración de Óscar Brox) repasa la filmografía de Quentin Tarantino. Empezamos con su ópera prima oficial, Reservoir Dogs (1992), una película que desde la independencia se ha convertido en uno de los fenómenos clave del cine posmoderno, y que ya anticipa alguno de los rasgos más llamativos de la trayectoria de Tarantino, como la narración acronológica, la estilización de la violencia o su peculiar sentido del humor. Después llegaría Pulp Fiction (1994), la película que dio el espaldarazo definitivo a su carrera y cuyas escenas están incrustadas en el imaginario de todo buen cinéfilo. Recuperando el espíritu de las novelas policíacas baratas de los años 70, Pulp Fiction cruza varias historias de delincuencia, drogas y violencia con el inconfundible sello cool e icónico que Tarantino desprende.

Jackie Brown (1997) es, sin embargo, una de sus películas menos conocidas pero por otro lado más reivindicable. En ella recupera a Pam Grier (heroína de la blaxploitation) para protagonizar la que es quizá la historia de amor mejor trabajada de su filmografía, y donde su tan manida violencia queda en un segundo plano. Una violencia que regresará, en su vertiente más exagerada y estilizada, en el díptico Kill Bill (2003-2004), una película que mezcla varios géneros para narrar la venganza de su protagonista (Uma Thurman) contra la banda de asesinos que intentó acabar con su vida, encabezada por su antigua pareja Bill (David Carradine).

En 2007 Tarantino filmó Death Proof, película que rinde tributo al grindhouse y al cine de sesión doble, siendo el film hermano siamés de Planet Terror, que firma su gran amigo Robert Rodriguez. Y en 2009 realizó su movimiento más arriesgado, acudiendo por primera vez al pasado para ambientar Malditos bastardos, un film con aires de western situado en la II Guerra Mundial. Y precisamente un western (esta vez sí, con todas las de la ley) es su última película hasta la fecha, Django desencadenado (2012), en la que el protagonista (Jamie Foxx), un esclavo liberado, intenta recuperar a su amada de las garras de un despiadado terrateniente (Leonardo DiCaprio), y en las que salen a relucir todas las influencias de Tarantino, desde Sergio Leone a Sam Peckinpah pasando por Sergio Corbucci.




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Cortometrajes: problemas de pareja


El amor -y el desamor- en todas sus vertientes y posibilidades ha sido el tema por antonomasia del cine desde sus primeros tiempos. En el programa 1x11 de Cine L'Atalante hablamos de amor -y desamor- a través de los dos cortometrajes que nos aporta nuestra compañera Vittoria Zanetti. Dos obras españolas que tienen en los problemas de pareja y sus consecuencias un elemento en común.

El primero de ellos se llama Por ser como eres (2010) y está dirigido por Álvaro Fernández Armero, director de, entre otros, largometrajes como Nada en la nevera (1998), El arte de morir (2000) o Salir pitando (2007), y que realizó cuando fue jurado del festival Notodofilmfest, uno de los festivales de cortometrajes más prestigiosos de nuestro país. En Por ser como eres asistimos a una dura discusión de pareja, en la que la protagonista (Alexandra Jiménez) lee la cartilla a su novio (José Sánchez Orosa), que asiste impasible a la reprimenda hasta el sorprendente giro final.

El segundo cortometraje del que hablamos en el programa lleva por título Quédate conmigo (2011), y es una producción más ambiciosa (destaca la calidad de los efectos visuales y de maquillaje) a cargo de Zoe Berriatúa, y está protagonizado por la televisiva Macarena Gómez. De nuevo partimos de una brutal discusión de pareja, en la que se lanzan los trastos (literalmente) a la cabeza hasta que se produce un fatal desenlace. A partir de entonces encontramos una mezcla de love story necrofílica, gore y toques de humor negro que producen un contraste muy interesante.

Aquí podéis disfrutar los dos cortometrajes de los que estamos hablando:








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Seriefilia: The Wire

Señalar el trasvase de talento que se ha producido en los últimos años desde el cine hacia la pequeña pantalla es un tópico muy manido, pero no por ello deja de tener su parte de razón. Recientemente, son muchos los fenómenos televisivos que se han instalado en el imaginario colectivo de nuestra sociedad, con mucha más fuerza que los largometrajes, inmersos en una época post vacas gordas y con una preocupante crisis de ideas.

Mucha gente ha caído rendida a productos televisivos que han acaparado reconocimientos a nivel de audiencia o en galardones como los Emmy o los Globos de Oro. Desde Los Soprano a Mad Men, o desde Lost a The Walking Dead pasando por Juego de tronos, Breaking Bad o Homeland. Todas ellas fenómenos masivos que saben o han sabido fidelizar a su audiencia y cuya imagen se explota también a través del merchandising.

Pero más allá de esas series mayoritarias hay otras que, más bien en una carrera de fondo, han sabido crearse su propio prestigio al margen de las corrientes mainstream, elevando su estatus hasta la categoría  -tan buscada como a veces banal- de serie de culto. En este último grupo podríamos incluir a The Wire, una de los shows mejor valorados por la crítica de los últimos tiempos.

Emitida en HBO entre 2002 y 2008, la serie creada por David Simon es un producto que escapa de la mayoría de las convenciones de la ficción televisiva. A diferencia de la mayoría de ficciones, no hay en The Wire un protagonista principal o un grupo reducido de ellos, sino que presenta un reparto absolutamente coral donde cada personaje tiene su importancia. Además, aunque está ambientada en los suburbios de la ciudad de Baltimore, donde prolifera la delincuencia y el tráfico de drogas, cada temporada de The Wire está concebida desde un punto de vista temático y que abarca aspectos muy diferentes. Así, a lo largo de las cinco temporadas de la serie se abordan aspectos como la educación, la corrupción política y policial o el papel de los medios de comunicación. Este espectro tan amplio de temas y la variedad de personajes enriquecen una trama que cautiva al espectador y que convierte a The Wire en una serie imprescindible para entender hacia donde se dirige el mundo de la ficción televisiva de nuestros días.

En el programa 1x11 de Cine L'Atalante tuvimos a Elisa Hernández para hablar de esta gran serie. Podéis escuchar el programa aquí.



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Óperas primas e infancias problemáticas

En el programa 1x11 de Cine L'Atalante tuvimos en el estudio a nuestros compañeros Miquel Tello y Paula de Felipe, que vinieron a hablarnos de las películas que el Aula de Cinema de la UV proyecta esta semana.

El miércoles 31 de enero, en el salón de actos de la facultad de Filología de Valencia, se clausura el ciclo de Óperas primas de grandes directores, con el pase de El jardín de la alegría (The Pleasure Garden, 1925). Este film supone el debut tras las cámaras de uno de los más grandes realizadores de la historia del cine, como es el londinense Alfred Hitchcock. El jardín de la alegría tiene algunos aspectos destacables, pero no deja de ser una película de encargo que sirvió principalmente para que Hitchcock se introdujera en la industria del cine. Supone además una buena oportunidad para acercarse a la bastante desconocida etapa británica del director -auspiciada por el productor Michael Balcon-, que contiene títulos tan interesantes como El enemigo de las rubias (1927) o La muchacha de Londres (1929), todavía enmarcadas dentro del cine silente, y las posteriores El hombre que sabía demasiado (1934) o 39 escalones (1935). A partir de 1940, Hitchcock se trasladaría a Hollywood, donde pudo difundir para un público masivo sus historias de suspense e intriga con obras maestras como Encadenados (1946), La ventana indiscreta (1954), Vertigo (1958) o Psicosis (1960).


Por otro lado, el jueves 31 de enero, el Palau de Cerveró (plaza Cisneros, 4) acoge la segunda sesión del ciclo Infancia, salud y enfermedad, en colaboración con el IHMC López Piñero. Este ciclo pretende ser un acercamiento a los problemas relacionados con la infancia, problemas que suponen una de las principales lacras de la sociedad contemporánea. En este caso, la película escogida es Maroa (2006), centrada en la complicada realidad de la pobreza y la exclusión en Venezuela. La protagonista del film es una niña de once años  (Yorlis Domínguez) que vive en un suburbio de Caracas, rodeada de miseria y violencia, y donde la música puede suponer la única tabla de salvación en su vida. El film está dirigido por Solveig Hoogesteijn, veterana realizadora de origen sueco cuyo cine siempre se ha movido por su vertiente más social y reivindicativa.

Recordamos una vez más que todas las sesiones del Aula de Cinema UV son a las 18 horas, con entrada totalmente libre y gratuita. Las películas están precedidas de una presentación a cargo de nuestros compañeros y siempre se produce un interesante coloquio al acabar la proyección. Allí os esperamos.



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