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Catherine Deneuve cumple 70 años

En Cine L'Atalante tenemos una sección, llamada Se cumplen, en la que nos gusta detenernos en la carrera cinematográfica de alguien que celebra algún tipo de efeméride en el presente año. Es el caso de la actriz Catherine Deneuve (París, 1943), que el próximo 22 de octubre soplará 70 velitas en su tarta de cumpleaños.

No cabe duda de que la Deneuve es una de las intérpretes más importantes del cine europeo de las últimas décadas, después de trabajar con muchos de los mejores directores del continente, desde François Truffaut a Lars von Trier, pasando por Roman Polanski, Jacques Demy, François Ozon, Manoel de Oliveira o Luis Buñuel. Más de un centenar de películas en las que Catherine ha paseado su particular belleza glacial y su elegancia comparable con la de bien pocas actrices.

En nuestro programa 1x18 hemos querido recordar la carrera de Catherine Deneuve, de la mano de Amelia Falcó y Mabuse. Nos detenemos especialmente en dos películas, una de la Deneuve joven y otra en su época de madurez. La primera de ellas es Belle de jour (Luis Buñuel, 1967), en la que la actriz interpreta a una mujer burguesa con problemas de frigidez, y que intenta dar rienda suelta a sus instintos sexuales dedicándose a la prostitución. Una nueva provocación del director aragonés, que volvería a trabajar con la parisina en Tristana (1970), otro film no exento de referencias sexuales sórdidas e incómodas para esa burguesía a la que Buñuel gustaba tanto sacar los colores.

Muchos años después, Catherine Deneuve protagonizaría 8 mujeres (François Ozon, 2002), película que combinaba la intriga y el suspense con la comedia y el musical, y que además congregó a algunas de las mejores actrices francesas de los últimos tiempos, como Isabelle Huppert, Fanny Ardant o Emmanuelle Béart. Además, claro está, de la propia Catherine Deneuve, que hace las delicias de sus seguidores cantando y bailando casi cuarenta años después de la inolvidable Los paraguas de Cherburgo (1964).



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Samuel L. Jackson no se jubila

Tradicionalmente (aunque parece que ahora esto va a pasar a la historia), la edad de jubilación ha sido los 65 años. De ser así, Samuel L. Jackson (Washington D.C., 1948) abandonaría su carrera cinematográfica a finales de 2013. Pero nada más lejos de la realidad, porque el actor todavía funciona a pleno rendimiento. En este año lo veremos en el remake de la coreana Oldboy (2003) que dirige Spike Lee, y en el futuro también aparecerá en otro remake, en este caso el de RoboCop (1987), y en sucesivas secuelas de la franquicia de Marvel Los vengadores.

Es decir, que Samuel L. (de Leroy) Jackson no piensa en otra cosa que no sea trabajar en la gran pantalla. En nuestro programa 1x12, Amelia Falcó y Mabuse dedican su sección Se cumplen a repasar la filmografía de este actor imprescindible. Desde su debut a principios de los años 70 ha participado en casi 150 películas, la mayoría de ellas en papeles secundarios pero tremendamente carismáticos. Lo recordamos, por ejemplo, en Haz lo que debas (1989), Parque jurásico (1993), Esfera (1998) o junto a Bruce Willis en Jungla de cristal. La venganza (1995) y El protegido (2000). Eso por no hablar de su ansiada (aunque testimonial) participación en la segunda trilogía de Star Wars (1999-2005) que, entre otras cosas, le ha convertido en el actor más taquillero de la historia, que no es poco.

Pero si hay un director asociado a la carrera de Samuel L. Jackson ese es, sin duda, Quentin Tarantino. Samuel es uno de los actores fetiche del realizador de Knoxville, desde que debutara en Pulp Fiction (1994, su papel más recordado) y repitiera posteriormente en Jackie Brown (1997) y sus cameos en Kill Bill. Volumen 2 (2003) y Malditos bastardos (2008), hasta que ha vuelto a tener un papel destacado en la reciente Django desencadenado (2012).

Sin duda, Samuel L. Jackson es uno de los actores más carismáticos del Hollywood actual, capaz de brillar tanto en papeles cómicos como en cintas de acción. Uno de esos intérpretes que se convierte en seguro de rentabilidad para las películas en las que participa. Y que todavía tiene cuerda para rato.



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Medio siglo de Polanski

En Cine L'Atalante somos también bastante mitómanos, y por eso nos gusta estar pendientes de los aniversarios de fechas importantes en la historia del cine. Si este verano dedicamos un ciclo al cincuenta aniversario de la muerte de Marilyn Monroe en Nits de Cinema, en nuestro programa de radio hemos introducido una siempre jugosa sección de efemérides, de la mano de Amelia Falcó y Mabuse, y que lleva por título Se cumplen.

Como ellos mismos dijeron, ¿qué mejor manera de debutar en una sección sobre aniversarios que recordando la ópera prima de un director? Una magnífica idea, sobretodo tratándose de la primera película de un grande como Roman Polanski, uno de los realizadores más influyentes de todos los tiempos y que aún hoy sigue siendo una referencia para los amantes del cine. Así, mucho antes de Chinatown (1974), Frenético (1988) o El pianista (2002), Polanski había iniciado su trayectoria en el largometraje (después de dirigir un buen puñado de cortos) con El cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962). Curiosamente, esta sería la única película que Polanski rodaría en su Polonia natal, ya que después emigraría a Francia, Gran Bretaña, EE.UU. y actualmente Suiza por las causas que todos conocemos y que poco tienen que ver con su carrera fílmica.

El cuchillo en el agua supone un hito en muchos sentidos. En primer lugar, es una película compleja dentro de su sencillez. Partiendo de una historia mínima, casi anecdótica (una pareja que va a pasar el fin de semana navegando con su velero invita a que les acompañe a un autoestopista desconocido), el film traza sutilmente una red de relaciones entre los tres personajes que siempre da la sensación de poder quebrarse en cualquier momento. Las situaciones de risas y tranquilidad se alternan con momentos de tensión cada vez más constantes, especialmente a partir de la aparición del cuchillo del título, que no es más que un mcguffin para simbolizar la lucha de poder entre los dos hombres (el joven impetuoso y el maduro que trata de marcar su territorio y demostrar su superioridad), en un complicado equilibrio en el que la mujer supone el vértice equidistante entre los dos polos enfrentados.

Por otro lado, El cuchillo en el agua ya apunta uno de los rasgos más característicos de la filmografía de Polanski, esa querencia por los espacios cerrados y las situaciones incómodas, acentuadas por la contracción del propio espacio físico. No en vano, alguna de las mejores obras polanskianas tienen como leitmotiv la claustrofobia, los personajes encerrados y obligados a convivir e interactuar en un entorno muy limitado, con las consecuencias que de ello se derivan. No hay más que pensar en Callejón sin salida (1966) o más recientemente en Un dios salvaje (2011) para encontrar estos elementos, pero que encontrarán su máxima expresión en la que algunos llaman la trilogía del apartamento, compuesta por Repulsión (1965), La semilla del diablo (1968) y El quimérico inquilino (1976).

Así pues, el programa Cine L'Atalante 1x06 echa la vista atrás y recuerda los cincuenta años del debut en el cine de Roman Polanski, una película como El cuchillo en el agua que todavía conserva un aura incontestable de modernidad más de medio siglo después de su estreno.





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