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Buscando a Ralph Macchio


En Cine L'Atalante, además de hablar (a veces bien, a veces mal) de cine, no descuidamos una importante labor social. Como si fuéramos Lobatones del siglo XXI, tenemos nuestro propio servicio de búsqueda de aquellos actores y actrices que tuvieron su momento de gloria, de reconocimiento, de primeras páginas en los periódicos y revistas y de su efigie decorando las carpetas de miles de adolescentes en todo el mundo, pero que de repente desaparecieron misteriosamente casi sin dejar rastro.

Y decimos lo de casi porque hay alguien capaz de rastrear en lo más profundo de las filmotecas y en las estanterías menos transitadas de los videoclubs en busca de alguna pista que le lleve a su objetivo. Ese es Jerry Goodman, nuestro cazarrecompensas particular. Su primer caso fue sacar a la luz el paradero de Malcolm McDowell, famoso en todo el mundo por dar vida al protagonista de La naranja mecánica (1971), una de las obras maestras de Stanley Kubrick, pero que desde entonces echó a perder su carrera en películas de cuarta fila o series de TV de escasa audiencia.

Tras algunas semanas de ausencia, el cazarrecompensas volvió en el programa 1x10 para seguir la pista de otro actor del que poco o nada sabemos desde hace años: Ralph Macchio. Quizá el nombre no diga demasiado a mucha gente, pero si decimos que fue el Daniel Larusso (o más bien Daniel San) de The Karate Kid (John G. Avildsen, 1984), entonces casi todos afirmarán recordarlo sin problemas. En aquella película, una de las más recordadas de los años 80, Macchio daba vida al típico adolescente enclenque y perdedor, que acaba siendo campeón de karate gracias a la ayuda del señor Miyagi (Pat Morita, otro ejemplo claro de encasillamiento), un aparentemente inocente japonés con pinta de no haber roto un plato pero que en realidad es todo un maestro en artes marciales. La patada de la grulla, la pelea final en slow motion y el dar sera, pulir sera forman parte de nuestro imaginario colectivo.

Ralph Macchio disfrutó, pues, de una fama mundial con esta película y sus dos secuelas (en 1986 y 1989), pero más allá de la saga karateka poco sabemos de él. Participó en Mi primo Vinny (Jonathan Lynn, 1992), que le valió el Oscar a Marisa Tomei, pero más allá de aquello sólo lo podemos encontrar en pequeños papeles en televisión y, sorprendentemente, en la próxima Hitchcock (Sacha Gervasi, 2012), en la que da vida al guionista de Psicosis. Demasiado poco bagaje para un actor que prometía comerse el mundo y que ha acabado siendo carne de cañón para esta sección tan entrañable.




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Óperas primas de grandes directores (II): Ingmar Bergman

El Aula de Cinema UV tiene preparado para este mes de enero un ciclo muy especial. Ya que se trata del primer mes del año, hemos optado por programar las primeras películas de algunos de los mejores directores de la historia del cine. Hemos procurado que el recorrido sea variado cronológica, geográfica y estilísticamente, para ofrecer una visión lo más completa posible de lo que puede suponer una ópera prima.

En la primera sesión, el 9 de enero, proyectamos El diablo sobre ruedas (Duel, 1971), la primera película de Steven Spielberg, que por aquel entonces era un completo desconocido pero que después filmaría alguno de los films más icónicos de los 70, 80 y 90, como Tiburón (1975), Encuentros en la tercera fase (1977), E.T. el extraterrestre (1982), La lista de Schindler (1993), Parque jurásico (1993) o la saga de Indiana Jones.

Para la segunda sesión, que tuvo lugar el miércoles 16 de enero, el director elegido fue el sueco Ingmar Bergman y su debut tras las cámaras, Crisis (Kris, 1946). Procedente del mundo del teatro, es muy evidente en el primer Bergman su planificación teatral en cuanto a decorados e interpretaciones, pero ya desde esos primeros films empiezan a apuntarse las obsesiones que se repetirán a lo largo de toda su filmografía: la falsedad e hipocresía de las relaciones entre la burguesía acomodada, las relaciones turbulentas de padres e hijos o los tabúes morales. Un poco más tarde llegaría el existencialismo y la búsqueda de Dios, reflejado en películas imprescindibles como El séptimo sello (1957), Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1963) o su experimental y críptica Persona (1966).

De todo ello hablaron Nacho y Héctor en el programa 1x10 de Cine L'Atalante, en el que además recordaron las películas que completarán el ciclo y que serán La cosecha estéril (Bernardo Bertolucci, 1962) y El jardín de la alegría (Alfred Hitchcock, 1925), dos óperas primas de dos directores europeos muy diferentes entre sí pero que pueden resultar altamente estimulantes.




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Tropecines: basta ya de nazis y Guerra Civil

Nuestra sección Tropecines, perpetrada e instigada por nuestro compañero Miquel Tello, se caracteriza por ofrecer una visión diferente y políticamente incorrecta de ciertos aspectos del cine que normalmente quedan ocultos o sobre los que no es cómodo hablar. En Cine L'Atalante, sin embargo, no tenemos pelos en la lengua y no nos cortamos en absoluto a la hora de denunciar los tópicos, las manipulaciones interesadas o los arranques vacíos de pedantería de los que está llena la historia del cine.

El objetivo concreto del Tropecines del programa 1x10 fue el cine sobre la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, ejemplificado en dos películas concretas. Es innegable la ingente cantidad de films que se han realizado sobre la contienda bélica más cruenta de la historia de la humanidad, por parte de casi cualquier país y desde una perspectiva que abarca todo tipo de géneros. Como pasa siempre que hablamos de un gran número de títulos, las obras maestras se mezclan con las películas de calidad ínfima, por lo que nos llevaría demasiado tiempo establecer una taxonomía razonable de esta especie de cajón desastre.

No obstante, sí nos podemos centrar en algunos aspectos que caracterizan en demasiadas ocasiones los films sobre estos dos conflictos y que son el objeto del ataque inmisericorde de Miquel. Estos aspectos son, básicamente, el excesivo maniqueísmo en el retrato de los personajes -con una línea muy clara que separa buenos y malos- y la manipulación de los sentimientos del espectador por parte del director, quien mediante el montaje o la banda sonora indica los momentos en los que debemos llorar, sentir empatía, rabia, etc.

Esto ocurre de forma muy evidente en La lista de Schindler (Schindler's List, 1993), película que Steven Spielberg filmó para exorcizar los fantasmas de su propio pasado, siendo él un judío que nació en la época en la que muchos de sus correligionarios fueron exterminados en los campos de concentración. La película, reconocida con numerosos Oscars, no deja de ser una cinta muy valorable, una historia perfectamente contada por parte de uno de los mejores storytellers del séptimo arte. Pero hay en ella también ese poso de manipulación sutil que hace que el espectador tome partido irremediablemente, sin necesidad de plantearse otras opciones o de hacer una valoración crítica de lo que está viendo.


En el caso de la Guerra Civil Española, Miquel saca a colación Las 13 rosas (2007), película de Emilio Martínez-Lázaro que contó con la presencia de rostros de carrera prometedora surgidos del mundo de la TV (Laura Sánchez, Fran Perea, Miren Ibarguren, Nadia de Santiago), además de actrices consolidadas como Marta Etura, Pilar López de Ayala o Goya Toledo). A pesar del loable esfuerzo de recordar la desgarradora historia de este grupo de mujeres republicanas fusiladas durante la contienda, el film tiende irremisiblemente hacia la simplificación del argumento y la tendenciosidad del guión, buscando la lágrima fácil del espectador a costa de que éste no se plantee los matices de la historia.

En resumen, por mucho que todos tengamos una posición ideológica respecto a un conflicto, y por mucho que esa posición coincida con la mostrada por el director o el guionista del film, no debemos dejar de señalar que tienen mucho más valor como objeto artístico aquellas películas que permiten al espectador tener herramientas para construir su propio significado, y no aquellas que ofrecen sentimientos masticados y que hacen que otros hayan pensado por ti.



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